Amigo te doy un consejo aunque yo consejos no doy: tienes que leer Desgracia, la novela de John Maxwell Coetzee. El escritor sudafricano la publicó en el año 2001, y desde entonces no ha parado de cosechar elogios y éxitos. Cosa rara al tratarse de una historia muy densa, desde el propio título hasta el punto final.
Nacido en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y desde hace poco, ciudadano australiano, Coetzee es un escritor que en la actualidad tiene 60 años. Es profesor universitario, al igual que el protagonista de Desgracia, y desde siempre el segregacionismo del apartheid sudafricano ha estado presente en su obra. Pero no necesariamente como un discurso social, o sí, pero siempre muy permeable a lo literario, y viceversa, consiguiendo un equilibrio que los miembros del Comité Nobel supieron apreciar cuando le otorgaron el premio de literatura en el 2003, dos años después de publicar Desgracia.
Este es el profesor Laurie, el protagonista de la novela. Se puede decir de él casi cualquier cosa, menos que es un hipócrita. Su personaje nos puede despertar muchos sentimientos, y muchos de ellos contradictorios. Y es que a Laurie parece faltarle el filtro social. Ese filtro que nos permite no ser acusados a diario de asesinato, ese gracias al cual nuestro número de teléfono está todavía en un par de agendas. Pero tiene el filtro, es pulcro en sus modales, parece un tipo culto, es un apasionado de la poesía de Byron.
Estamos, pues, ante un hombre más bien anfibio, de piel resbaladiza y reflejos ágiles, una especie gentil de reaccionario. El tema es que el profesor Laurie se mete en un lío. Comienza seduciendo a una de sus jóvenes alumnas para terminar acosándola y prácticamente violándola. Digamos que se aprovecha de su posición de poder.
Y es lógico, el padre de la chica se agarra flor de calentura. Tras la pertinente denuncia, la universidad donde enseña Laurie le abre un expediente interno. Y le hacen una especie de juicio, medio esperpéntico, medio sumarísimo, en el cual Laurie desarrolla una estrategia muy peculiar de defensa…
Pero por mucha labia que le ponga, la presión se le hace insoportable. Así que decide dar un paso al costado y visitar a su hija, que vive en el campo, a unas horas de la ciudad. La hija, entendemos, es lesbiana, acaba de ser abandonada por su pareja y vive sola en una casa en medio de la nada. A los pocos días de haber llegado Laurie, sucede una desgracia.
La cosa se pone oscura. Unos pibes negros los atacan en su propia casa. El profesor se salva por esta de morir quemado. Y a la hija la violan los tres chicos. El libro entra acá en una parte muy interesante. Porque el espejo del profesor Laurie, abusador de su propia alumna, se le viene encima a su hija. Y a nosotros los lectores se nos viene encima el asco que empieza a tenerle a su padre. Por un lado, parece que lo acusa de no haber hecho lo suficiente para parar la violación. Pero hay algo más, hay algo más…
Efectivamente. Están en la Sudáfrica posapartheid. La paz social, digamos, está atada con alambre…, agarrada con todos los broches que se puedan imaginar… Acá es donde Laurie saca todo el profesor que lleva adentro y pone por delante su verdad blanca y universal, sí, esa misma que él no se aplica a sí mismo. Y claro, este es el momento en que el lector suele caer en la trampa y ponerse del lado de los blancos, perdón, quise decir de los buenos.
Seguro que me están puteando de todos los colores porque les estoy contando el libro. Y voy a parar aquí.
Por suerte o por desgracia, la novela Desgracia fue llevada al cine. La película es del año 2009, de reciente estreno, y está dirigida por Steve Jacobs y protagonizada por John Malkovich, que lo borda en su papel de profesor.
La verdad es que la película es bastante buena, al menos, es bastante fiel a la novela, incluso tomándose alguna licencia, sobre todo cerca del final de la historia. Pero el lenguaje cinematográfico no es el narrativo, y en una hora y pico de película cabe menos que en 300 páginas de novela.
A favor del film, que a Coetzee le gustó la película… Y eso que había puesto una condición antes de ceder los derechos: si el guion no le gustaba, adiós película… Así que si no conocen el libro, y un poquito les picó la curiosidad, les sugiero que lo lean. Si quieren empezar por la película, empiecen por la película, pero yo les sugiero que empiecen por la novela. Y es más, les recomiendo que la lean de un tirón, en dos días. Es una experiencia deliciosa y nada desgraciada.
Alejandro Feijóo
domingo, 31 de enero de 2010
74 Gente negra - Desgracia
74 Gente negra - Las panteras negras
En octubre del año 1966, el mismo año de edición del album Revólver de Los Beatles, se fundó en Oakland, California, el partido Pantera Negra de Autodefensa, popularmente conocido como los Panteras Negras. Con fuerte arraigo en las raíces afroamericanas, los Panteras Negras nacieron a la luz del discurso reivindicativo de la negritud de Malcom X. Tas el asesinato del popular dirigente negro, decidieron radicalizarse y armarse. El FBI no tardaría en hacerlos blanco, valga la parábola racial, de persecuciones y encarnizados ataques. Si la legalidad actuó activamente contra este grupo radicalizado, era de esperar que grupos paramilitares fascistas los siguieran en su camino.
Bastan algunos nombres para entender el arraigo y las simpatías políticas que despertaron los Panteras Negras en la comunidad estadounidense: el rapero Tupac Shakur, muerto a consecuencia de una balacera después de asistir a una pelea de Mike Tyson; Angela Davis, una de las más reconocidas activistas afroamericanas; el actor blanco James Cromwell y el actor negro Danny Glover; Nile Rodgers, fundador de la bada de música disco Chic, conocidos en estas pampas por su éxito Le freak, y siguen las firmas...
Estas eran las reivindicaciones que los Panteras Negras plantearon en sus inicios:
• Total libertad para determinar el destino de la comunidad negra;
• Pleno empleo la comunidad negra;
• Fin de la rapiña de la comunidad negra por parte del hombre blanco;
• Viviendas decentes, apta para el ser humano;
• Educación que represente la historia de la comunidad negra y su papel en la sociedad norteamericana;
• Salud pública y gratuita para todos los hombres negros y la gente oprimida;
• Exceptuar a los hombres negros del servicio militar;
• Cese de la brutalidad policial y el asesinato sistemático de la gente negra;
• Amnistía para los hombres negros detenidos en las prisiones norteamericanas;
• Juzgados de gente negra para la comunidad negra, de acuerdo a lo previsto en la constitución de los Estados Unidos
Uno de los casos más destacados está íntimamente relacionado con uno de los apellidos más conflictivos respecto de la negritud en los EE UU, y ese apellido es Jackson (Black or white). Pero esta noche no hablaremos del mutante Michael sino a George Jackson, un joven negro que se convirtió en uno de los estandartes de los Panteras Negras. En 1961, cuando apenas tenía 18 años, George Jackson fue arrestado por la policía por un asalto de una gasolinera. ¿El botín? 70 dólares. Jackson nunca recuperaría la libertad. Los Panteras Negras lo nombraron su mariscal de campo. La propuesta corrió como un reguero de pólvora y la organización de los reclusos negros fue un hecho que amenazó la prepotencia del sistema carcelario blanco y fascista. 8 de los 10 años los pasó en celdas de máxima seguridad. Durante ese tiempo, estudió a Marx y a Mao, organizó a la gente de su comunidad para enfrentar los abusos cotidianos de los carceleros en el penal de San Quintín.
Según la versión oficial, el 21 de agosto de 1971, Jackson intentó escapar de la carcel de San Quintín escondiendo una pistola automática bajo una peluca afro. Un guardia le vio algo metálico en el pelo, Jackson intentó escapar y fue baleado. Un argumento tan inverosímil que recuerda a otras muertes producidas por los tan cercanos gatillos fáciles. Al momento de su asesinato, James Baldwin dijo: "Así sea. Está muerto. Ni su hermano menor, Jonathan, ahora muerto, ni Angela Davis, ahora encarcelada, nunca mataron ni asesinaron a nadie. Los crímenes fueron cometidos por la policra nor teamericana. En resumen, estos asesinatos e intentos de asesinatos han sido llevados a cabo por el Estado norteamericano a fin de servir a los interes es es tadoun idens es, que fundamentalmente involucran sus inversiones en EE así como en el-resto del mundo", palabras recogidas de la revista Contracultura, editada por Miguel Grinberg en septiembre de 1971, apenas días después del asesinato. "No quiero morir dejando como único monumento unas pocas canciones tristes y un montecillo de tierra. Quiero dejar un mundo liberado de basura, contaminación, racismo, estados nacionales, guerras y ejércitos de estados nacionales, ostentación, intolerancia, estrechez de miras, mil clases de mentiras y la economía usurera y licenciosa". Palabras de Jackson, palabras de un pantera negra.
J. Martínez
viernes, 22 de enero de 2010
74 Los Negros - Gente negra
Si uno se toma el trabajo de comparar más de una de las listas de los significados de los sueños según los números de la quiniela, verá que el 74, el que ahora nos ha tocado en suerte, tiene dos versiones sobre el mismo concepto. Según unos, el 74 es Gente Negra, según otros simplemente Los Negros. Es interesante, a la luz de esta diferencia que no es tal, pensar en el valor peyorativo del término “negro” en contraposición con el orgulloso “blanco”. Los primeros atisbos son simples y directos: la comunidad negra en América se formó con los esclavos de los europeos que colonizaron, conquistaron y saquearon el continente africano... Y luego el americano. Y esa reducción del hombre a un mero instrumento, incluso despreciable en vistas del esclavista, le otorgan el disvalor intrínseco al sometimiento y la humillación a los que fueron destinados.
En el ámbito local, pasamos del agresivo “cabecita negra”, acuñado por la oligarquía en los tiempos de gloria del General Perón, cuando se produjeron los movimientos migratorios hacia la ciudad de Bueno Aires de la mano de la floreciente industrialización del país, al amoroso negro o negrito con quien uno adjetiva a los afectos queridos. En una rápida recorrida, tengo en mi vida unos cuantos negras y negros queridos: el negro Yiye, el negro Nigra, el negro Merino, la negra Muscio y, por cuestiones de respeto estético, a la recientemente fallecida la Negra Sosa y al inmortal negro Olmedo. En estas épocas de corrección política e indiscriminación sin discriminación, los adjetivos mutan dándole paso a los más rebuscados modos para llamar a alguien por sus atributos considerados una reducción de su valor, de modo tal que el mundo bienpensante no nos condene al infierno del mal decir. En ese contexto, mi tío el Sordo Lucio paso a ser mi tío el Hipoacúsico Lucio aunque, debo confesarlo, nunca lo llamamos así. Sin embargo, la comunidad negra ha tomado el sentido peyorativo de origen blanco y 1o ha vaciado de contenido. Una venganza por sobre la palabra del esclavista, un vacío revolucionario y subversivo. Así, en los EEUU, los marginados negros tomaron el descalificativo nigger o nigga para identificarse unos con otros, donde el mote cobra un sentido unificador y contestatario. Similar movimiento se da en nuestro país en el que los cabecitas negras se denominan, con total orgullo, 100% negro cumbiero, tatuándolo en su piel.
Pero si las fantasías de que terminada la esclavitud terminaría la marginación de la comunidad negra, la historia tiene cientos de ejemplos que las demuelen. Imaginen, críticamente, qué sería de una populosa comunidad negra en un país tan xenófobo como el nuestro. Lo que vemos con espanto en la historia de los EE. UU. no es sino el reflejo de un espejo fantástico en el cual ver una realidad posible si hubiéramos recibido una cantidad de esclavos africanos mayor a los que recibimos durante el dominio español.
El otro día, leía sobre las políticas antidiscriminatorias (término que deberíamos poner en juicio algún día ya que discriminar no implica someter, sojuzgar ni humillar) que los dirigentes del fútbol europeo están impulsando: suspender el partido si alguna de las hinchadas desprecia, con sus cantos, a cualquier jugador de color. De color negro, claro.
J. Martínez
